Me asalta un recuerdo de aquella casa donde crecí, con amplios jardines llenos de flores y arboles frutales. Entre ellos aprendimos a caminar, correr, saltar y jugar en ese mundo que parecía tan único y nuestro.
Recuerdo mis pies descalzos sobre la grama verde, muy verde; recuerdo bañarnos bajo la lluvia riendo a carcajadas y correr por los largos pasillos inventando historias.
Hoy este recuerdo me robó un instante, estaba perdido o al menos así parecía.
En este jardín, allí junto a la cerca, había un viejo tamarindo, arqueado de tanto sol que llevaba a cuestas. Mi hermano y yo trepábamos la cerca y nos sentábamos en su borde casi abrazados al viejo árbol para robarle pícaramente sus frutos y comerlos hasta sentir el agradable ardor que decía ya no más.
La boca se me hace agua y mi rostro agradece la sonrisa que este recuerdo le ha regalado.
Prima, no fue sino hasta hoy que me percate de tu comentario. Es hermoso recordar aquello que nos lleva a lugares, momentos y personas que marcaron positivamente nuestras vidas. Un beso!
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