Aquel poeta chileno escribió:
Tú estás aquí. Ah tú no huyes.
Tú me responderás hasta el último grito.
Ovíllate a mi lado como si tuvieras miedo.
Y un día esas palabras llegaron a mi, como un regalo bendito en una tarde cualquiera.
Con el deseo dibujado en una sonrisa y el temor asfixiando la felicidad.
Un día como hoy, las releo, las siento, resuenan, renacen, viven por mi torrente sanguíneo y arden en el recuerdo de un beso; me hacen amarte una vez mas, logran que mi felicidad antes etérea hoy sea realidad; la intención trasciende el motivo para hacerse tangible, y tomando prestadas sus palabras, "a nadie te pareces desde que yo te amo".
Cuanto te habrá dolido acostumbrarte a mí,
a mi alma sola y salvaje, a mi nombre que todos ahuyentan.
Quiero hacer contigo
lo que la primavera hace con los cerezos.
(Poema 14, Pablo Neruda)