miércoles, 26 de junio de 2013

Entre palabras.

Entre palabras he danzado toda una vida; las dichas, las escritas, las que alguna vez pensé y soñé y las que se quedaron en el olvido de mi silencio.  Entre palabras crecí, entre prosas, versos, rimas que sonreían y modelaban el perfil del romance en mí.  

Entre palabras se dibujaban mis sonrisas, mis esperanzas, todas siempre tenían una palabra detrás de ellas, muchas hijas del amor, otras víctimas de la tristeza.  Entre palabras pasé de niña a mujer, de mujer a madre.  Entre palabras he visto crecer a mis hijos, les he retratado en palabras, imaginado con palabras, les he amado sin palabras.

Entre palabras conocí el amor, el que se escribió con romance y locura, el que me despertó de un letargo.  Con palabras expresé ese sentimiento, lo reconocí, lo viví, lo reí y lo lloré.  Fue con palabras que reaccioné, cambié, renací para hoy con palabras decirte que no son suficientes para expresar lo que hay en mí.



Para Francisco

26 junio 2013 

miércoles, 12 de junio de 2013

La cola.

Venezuela se ha convertido es una cola. Apenas ayer pensaba que nosotros, los venezolanos y venezolanas que amamos este hermoso país no queríamos una vida de colas, donde se transita en horas de desidia y se vive la hegemonía de un mal gobierno, eso sí, tenemos patria. Por cierto, alguien les habrá dicho que la patria la tenemos hace mucho, gracias a los grandes, a los valientes, a esos que fueron visionarios y sembraron la libertad para este pueblo que hoy se conforma con desperdiciar su mañana, sus horas, en una cola. 

La pasividad y conformismo parecen estandartes, el pueblo ese que tanto apuntalan como fuerza ambas caras de la política venezolana es un pueblo que no conoce el verdadero valor de un derecho y mucho menos el costo que pagaron quienes dieron hasta sus vidas para que hoy gocemos de ellos. Un derecho humano además y constitucional en nuestro país, un derecho bonito llamado "seguridad alimentaria".  

En esta cola hay pueblo, de ese que seguramente votó rojito, de ese que prefiere que le provean a producir y trabajar. Me siento inconforme  hasta el tuétano, escuálida hasta el infinito.  Necesitar hacer la cola para adquirir 2 paquetes de papel tualé, 2 kg de margarina, 5 de harina pan, es simplemente inhumano; ver madres con sus bebes de meses en brazos incluso sonriendo porque comprarán el ansiado tesoro llamado harina p.a.n. Pues me sale de las entrañas un "no me jodas" y esto no es solo con Nicolás, es con el finado Hugo, autócrata y miserable creador de este conformismo absurdo. Me duele mi país, me duelen mis compatriotas, me indigna esta situación. 

Hoy hice mi cola para vivir esta experiencia, pero aclaro, prefiero no comer mas arepas y hasta comprar toallitas húmedas o lavarme el rabo a pasar por esto nuevamente, porque repito, no duelen las 3 o 4 horas desperdiciadas de mi vida, duele la indolencia y el conformismo; no duele que nos marquen como ganado, sino que aceptemos ser ganado de la boliburguesía, del oportunismo y hasta de los empresarios indolentes.

Venezuela es un país de colas y como recientemente leí, un país sin consecuencias.



Maria Alejandra Sosa
@sosamale